martes, 23 de enero de 2007

Una rendición es la peor de las derrotas

Puede que mañana olvide que el sabor de tus besos algún día me transportó al paraíso, puede que ese mañana no llegue nunca y que siga bebiendo de tu sonrisa inagotable hasta que ya no pueda seguir bebiendo.

Estoy harta de las predicciones de futuro de los que se dejaron llevar y dejaron de pelear por seguir manteniéndose puros. Quizás todo se acabe mañana, pero una rendición es la peor de las derrotas...

"Desconfía de aquellos que poseen más respuestas que preguntas... Nuestro destino es un misterio y quizá el sentido de la vida no sea más que la búsqueda de ese sentido". Rosa Montero. "Historia del Rey Transparente".

miércoles, 10 de enero de 2007

Carta a un amigo

Abre los ojos y echa un vistazo a tu alrededor. El mundo está repleto de personas maravillosas deseosas de conocerte para hacerte partícipe de sus propias historias y que esperan que hagas un "huequito" en tu vida para ellas.

Cada día nos brinda la oportunidad de crecer, pero tú te empeñas en quedarte pequeñito. Todos podemos perdernos en el bosque, pero no por eso dejamos de buscar la salida.

Una vez un amigo me regaló un trozo de papel diminuto en el que se decían cosas gigantescas. El autor nunca lo supe, pero desde entonces ha permanecido guardado en mi baúl...

Bueno, ahí va:
ATREVERSE
Reir es arriesgarse a parecer un loco.
Sollozar es arriesgarse a parecer sentimental.
Tenderle la mano a otro es correr el riesgo de comprometerse.
Exponer tus ideas y tus sueños ante los demás es arriesgarse a perderlos.
Amar es arriesgarse a no ser correspondido.
Vivir es arriesgarse a morir.
Creer es arriesgarse a fracasar.
Pero debemos arriesgarnos, porque el mayor peligro en la vida es no arriesgar nada.
Quienes no arriesgan nada, no tienen nada, no hacen nada, no son nada.
Tal vez eviten el sufrimiento y el dolor, pero no pueden aprender, sentir, crecer, amar ni vivir.
Son esclavos encadenados a sus actitudes; han perdido el derecho a la libertad.
Sólo quien arriesga es libre.

jueves, 21 de diciembre de 2006

¿Destino o casualidad?

¿Recuerdas aquel día? Tú gritabas mi nombre tras aquellas rejas pintadas de blanco. Te habían dicho que en aquel inhóspito lugar me encontrarías. Yo llevaba dos horas esperándote, estaba tan nerviosa que no podía dejar de moverme, me sudaban las manos y tenía una sed inconsolable.

El día anterior tenía decidido no acudir a la cita, te llamé durante horas, pero no conseguí localizarte. Era demasiado tarde para echarme atrás...

Aquella fue la primera vez que nos vimos. Ibas vestido de negro con tu vieja camiseta de Pearl Jam y con el trípode de tu compañero sobre la espalda. Cuando me viste clavaste tus preciosos ojos verdes sobre los míos y dijiste mi nombre bajito y en tono interrogatorio, como si no me esperaras. Yo asentí con la cabeza y os indiqué la entrada. Estaba sorprendida de que fueras tan joven, por teléfono me habías parecido mayor y te había imaginado muy diferente...

Por entonces trabajabas en un programa de televisión (tu primer trabajo en televisión). Yo trabajaba de voluntaria en una asociación y tú venías a entrevistarme. Lo curioso de esta historia es que yo nunca me había puesto delante de una cámara (y creo que no volveré a hacerlo porque soy muy tímida para ese tipo de cosas...), pero aquella vez lo hice.

Ese fue el comienzo de una maravillosa historia de amor de la que todavía somos los protagonistas, tú y yo. Quizá fuera casualidad, pero me gusta pensar que el destino ya tenía planes para nosotros.

miércoles, 20 de diciembre de 2006

Y el tiempo pasa...

Miro el reloj, me inquieta el movimiento constante del segundero que da paso a los minutos, las horas, los días, la vida... El tiempo se me escapa de las manos y nunca es suficiente para hacer todo cuanto quiero.

El trabajo se lleva el trozo más grande del pastel, y el resto está demasiado repartido, tanto que a veces no queda nada para lo que me empeño en calificar como "no imprescindible", es decir, ¡yo misma!

Pero qué absurdo, ¿cómo no va a ser imprescindible dedicar tiempo a lo que nos ilusiona, a lo que nos mantiene vivos? Nos pasamos la vida pensando en un futuro mejor y nos olvidamos de lo más importante: captar la esencia del momento presente.